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El complejo hospitalario genera 5.000 kilos de ropa sucia al día

 

El servicio de lavandería del Complejo Hospitario de Salamanca se encarga cada día de la limpieza de más de 5.000 kilos de ropa de los dos hospitales de la capital, Bejar y Los Montalvos.

También reciben material textos de algunos centros de Atención Primaria de la ciudad. El trabajo de las sesenta personas que forman la plantilla es bastante riguroso ya que tiene que garantizarse la total desinfección de las prendas por el bienestar de los pacientes. Los centros hospitalarios salmantinos cambian toda la ropa hospitalaria al menos una vez al día.

El servicio de lavandería trabaja durante los 365 días del año en dos turnos de trabajo. La ropa llega a la planta, ubicada en los sótanos del Virgen de la Vega a través de un furgón que se utiliza de forma exclusiva para transportar la lencería de los hospitales. Una vez allí, la carga entra en la zona denominada como ‘sucia' con la finalidad de realizar una selección previa de la ropa en función de unos colores ya determinados de las bolsas donde se transportan. «De esta forma el personal sabe si las prendas están contaminadas, son quirúrgicas o de los pacientes», apunta Clara Ledesma, una de las responsables del servicio de lavandería.

La parte más dura de este trabajo se realiza en la parte ‘sucia', «el grado de dureza es importante ya que están en contacto con un tejido bastante desagradable», aclara Ledesma. El lavado de las prendas se produce en tres grandes lavadoras con capacidad para acoger 300, 200 y 40 kilos de ropa. En cada una de ellas se puede programar mediante un sistema informatico los grados de temperatura y la duración del lavado, dependiendo del tipo de prendas.

Una vez que las prendas pasan por el programa de lavado se extraen por la zona ‘limpia' de la planta. En este lugar, se realiza una nueva distribución de la ropa, entre la plana y la de forma.

Tratamiento específico
Para secar y plegar las prendas planas utilizan dos tipos de máquinas, ‘calandras', una para las colchas y sábanas y la otra para la ropa textil más pequeña, como los almohadones, las sábanas entremetidas o de nido. Esta maquinaria cuenta con un soporte informático donde se selecciona la velocidad, la temperatura y el plegado que más conviene en cada situación. Respecto a la ropa de forma, las prendas de felpa como las toallas, las fundas de colchón o las almohadas pasan por dos grandes secadoras. «La mayoría de estas prendas se doblan de forma manual a excepción de las toallas que tiene su propia máquina de plegado», relata Clara Ledesma.

El resto de ropa de forma, es decir los uniformes y pijamas de los pacientes, pasan por un túnel de secado donde se programa según el grosor del tejido. Este tipo de prendas pasan de forma automática a su plegado, «con lo que se reduce la manipulación del personal y el riesgo de contaminación». La última fase es lsa empaquetación de todas las prendas para su posterior regreso a los centros hospitalarios salmantinos.


 

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